MOMENTO GLOBO

Deciros que yo soy de las que piensan que en esta vida hay que intentar hacer de todo, y montar en globo era algo que ni se me pasaba por la mente hacer, hasta que de repente, un día, un amigo mío, Xavi, me llamó para organizar el cumple de Eugenia, y el regalo sorpresa era montarse en GLOBO!!
Bueno, yo estaba más emocionada que la homenajeada, ¡¡que ya es decir!!

Así que nos fuimos rumbo a los Pirineos, concretamente a la zona de Olot, en la provincia de Girona. Nos alojamos en una masía típica catalana llamada “Can Patorra”, tipo “Casa Tarradellas”, en mitad deL campo, concretamente en un núcleo rural muy pequeño llamado “Maia de Montcal”. Las habitaciones estaban geniales, todo estaba decorado en plan minimalista en tonos blancos y color piedra, con luces indirectas, que contrastaba con el paisaje montañoso donde nos hallábamos y hacía que se creara una atmósfera especial que envuelve a cualquiera que se encuentre en ella.

El viaje en globo se realiza a primera hora de la mañana, al alba, y depende lógicamente, del viento. Nosotros tuvimos suerte. Pudimos realizarlo sin problema alguno.

Quedamos a las 7,30h. am en una explanada sobre la que estaban tumbados todos los globos y allí, los monitores, nos iban dividiendo por grupos. A nosotros nos tocó un globo en tonos azules para 8 personas. Y en él nos metimos, muertos de miedo porque no sabíamos a lo que íbamos y deseando comenzar esta aventura. El momento del despegue fue uno de los más tensos, pero cuando llevábamos algo más de 1 metro sobre el nivel de la tierra, ¡¡ni nos habíamos dado cuenta!! Es una sensación fantástica, te sientes libre, a salvo, por encima de cualquier cosa,…

Hubo 2 momentos inesperados que recordaremos siempre con gran alegría:
1.- en mitad del viaje, Jaume, la persona encargada del globo, sacó de una nevera una coca de canela y azúcar (pastel típico catalán), copas de champán y una botella de cava catalana. ¡Increíble!

2.- El aterrizaje: el globo se mueve en función del viento, y entre comillas, podemos controlarlo, así que para poder aterrizar no nos quedó otra que chocarnos contra una montaña, con sus árboles, sus ramas, las bellotas,…

Después de toda esta odisea, ayudamos a recoger y doblar el globo e introducirlo en su funda, y ya nos llevaron a un restaurante de un camping donde nos pusieron un almuerzo típico catalán: pan Tumaca, vino de mesa, judías, fuet, chacina variada, butifarras, ratafía (licor a base de hierbas aromáticas), etc.

Esta ha sido una de las mejores cosas que he hecho en mi vida, es más, creo que todo el mundo debería alguna vez en su vida subir a las alturas sin protección ninguna y verse sólo delante de todo lo ilimitado y grandioso.

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