DESCUBRIENDO EGIPTO

Aun sabiendo que en un par de días cogería un avión con dirección a Luxor, no podía dejar de sentirme inquieta al pensar en el viaje que me esperaba. Conocer Egipto, era una de mis mayores ilusiones y por fin podría hacerla realidad.

Tras cinco horas aproximadamente de vuelo, aterrizamos en la antigua Tebas, hoy conocida como Luxor, núcleo fundamental de la cultura faraónica. Era de noche y hacía un calor sofocante (era Marzo). De camino al barco que nos trasladaría a través del río Nilo hasta Asuán, pude comprobar el misterio y la magia que dicen que este país irradia, y que espero poder transmitiros a lo largo de mi pequeña aventura.

Esa primera noche a bordo se hizo demasiado corta. Teníamos que salir muy temprano porque nos aguardaban muchas visitas: los Colosos de Menón, el Templo de Habu, el templo de Luxor, el Valle de los Reyes, el Templo de Karnak...Volvimos al barco absolutamente fascinados ante tanta majestuosidad, y practicamente sin palabras por haber sido testigos de tantísimos siglos de historia.

Al día siguiente, el paisaje que nos mostraba la ventana del camarote había cambiado. Nos encontrábamos en Edfú, donde pudimos ver su templo dedicado a Horus. Una vez de vuelta al barco, mientras navegábamos hacia nuestro próximo destino, pudimos disfrutar verdaderamente del paisaje que nos ofrecían las orillas del Nilo. Zonas tupidas de vegetación se intercalaban con otras totalmente desiertas, lo que hacía que existiera un contraste paisajístico de lo más interesante.


Esa misma tarde, atracamos en Kom-Ombo (a unos 40 km de Asuán) para admirar su templo dedicado a los dioses Horus y Sobek; este último representado con la forma de cocodrilo. Al atardecer, reanudamos nuestro camino a Asuán, última parada del crucero.
A la mañana siguiente, realizamos una de las excursiones más inolvidables. Fue la que hicimos a Abu-Simbel, cuyos templos de Ramsés II y Nefertari resultaron ser más grandiosos e impactantes de lo que esperaba.

No quisiera terminar el relato del crucero, sin hacer mención a Asuán; donde pudimos visitar el famoso obelisco inacabado, un museo de papiros y de perfumes egipcios y como no, su conocidísima presa.

Durante el viaje, también hubo tiempo para las compras. Realmente hay que ir bien preparado si queremos traernos algún que otro souvenir. En todas las ciudades, multitud de vendedores se entremezclan con los turistas y un sinfín de puestos ambulantes adornan cada puerto. Ir de compras se convierte en toda una aventura debido al regateo. Hay que tener mucha paciencia y tesón para conseguir el objeto deseado al mejor precio. Icluso en los lugares más recónditos, el afán por vender resulta en algunos casos agobiante. Aun así, acaba siendo una experiencia divertida y la adquisición de cualquier souvenir se convierte en toda una hazaña para el turista.



Tras cuatro días de crucero por el Nilo, tomamos un avión con rumbo a El Cairo. La primera impresión que me causó fue la de una ciudad inmensa y caótica, pero llena de rincones con encanto: la Mezquita de Alabastro, el Museo egipcio, el mercado Khan el Khalili y como no las imponentes pirámides de Gizeh.
Fue un viaje maravilloso, lleno de contrastes y momentos de absoluta magia, donde los sonidos de la ciudad, los olores a especias, los sabores de su gastronomía, los colores de sus paisajes y la hospitalidad y simpatía de la gente, hacen que en el regreso a casa, nos inunde un sentimiento de nostalgia recordando todos los momentos allí vividos.

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