LOS PUEBLOS DE HUELVA
La primera vez que salí de viaje pensé que me montaría en un avión y que iría a Disney World, quizás todo esto vino aparejado todo por la edad que tenía.

Por la mañana cuando desperté y monte mis maletas en el coche, como cualquier niña de cinco años pensaba que comenzaría una gran aventura y que nada más estar de regreso se lo contaría a mis amigas del colegio.
Pues bien, cuando llegué aquello no tenía pinta de ser ni un aeropuerto ni un país distinto al español. La verdad es que no me equivoque, estaba en un pueblo y lo peor de todo es que era un pueblo de mi misma provincia, Huelva. En concreto, estaba en Rosal de la Frontera un pueblo que hace frontera con Portugal y donde predomina la buena chacina y gastronomía.

Tras estar un rato allí pregunte a mi madre si tardaríamos mucho en llegar y con gran ilusión ella me dijo que estábamos en uno de los destinos a los que iríamos.
Entre grandes desilusiones pensé que serían unas vacaciones ruinosas. Me dijo que nuestro viaje se trataba de un recorrido por los pueblos de Huelva donde pasaríamos una gran semana.

Pues bien tras comer en Rosal de la Frontera nos fuimos a Aracena. Allí estuvimos en una posada muy pequeñita, donde la dueña nos trató con gran cariño y nos ofreció comida típica de allí. Esa misma noche dormimos en plena Sierra en unas cabañas preciosas donde se podía apreciar el gran silencio del campo acompañado del cantor de los pájaros.
Al día siguiente visitamos las Grutas de las Maravillas y visitamos el pequeño pueblo.
Tras la pequeña visita fuimos a un pueblo cercano, Aroche donde visitamos una pequeña capilla. Por la tarde nos dirigimos a Ayamonte, donde teníamos conocidos y pasaríamos a visitarlos. Este pueblo quizás fue más interesante para mi por la edad que tenía puesto que tenía dos bonitas playas donde pude pegarme más de un chapuzón con mis hermanos.

Así fueron pasando los días, hasta una semana pasamos fuera de casa. La verdad es que la memoria no me alcanza a recordar muchas cosas pero sé que visitamos las naves de Colón en Huelva, y que probamos el exquisito “pescaito” de Punta Umbría. También visitamos una la pequeña aldea de Candón, Jabugo y diferentes playas.


La verdad es que lo que empezó siendo un aburrimiento y algo que pensé que iba a ser eterno se convirtieron en una de mis mejores vacaciones. En ella no sólo disfrute del sol y la playa sino también de la montaña.

Quizás esto me dio el conocimiento para entender que no sólo viajar significa salir a un país distinto de donde se reside o montarse en un avión. Esta pequeña experiencia me hizo entender que existe lugares maravillosos en nuestro territorio andaluz y donde quizás se puedan descubrir mayores conocimientos e impresionantes paisajes.

Después de haber hecho esta pequeña visita y haber visitamos múltiples lugares a lo largo de los años por la provincia (El Rocío, Doñana, los pueblos del Condado de Huelva donde predominan los vinos, etc.) recomiendo a todo el mundo que haga turismo rural y sobre todo que comience por conocer su provincia y su comunidad, seguro que esconden cosas inolvidables.

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