OVIEDO, CIUDAD DEL PARAISO

Mi interés por el atletismo me llevo a conocer una ciudad maravillosa, de la cual me quedé asombrada, estoy hablando de la capital del Principado de Asturias, Oviedo.

En principio solo era un mero viaje al Campeonato de España de Atletismo celebrado en esta tierra, pero se convirtió en un viaje muy apasionante. Estoy de acuerdo con el famoso director de cine Woody Allen cuando dice que Oviedo es como un cuento de hadas.

Ya desde la entrada en tierras asturianas se pueden apreciar los preciosos paisajes, con pequeñas casitas situadas en grandes montañas y su olor a naturaleza pura.

La ciudad de Oviedo surgió sobre una colina que los romanos llamaban Ovetao. Su fundador fue el Rey asturiano Fruela, hijo de Alfonso I de Asturias que reinó desde el año 757 al 768 d.C. De ahí, que sea una casa de ruinas románicas muy importantes, situadas en su casco histórico, adornado con numerosas esculturas, con fachadas antiguas y rodeado de preciosos parques verdes habitados de animales de todo tipo. Sus mayores tesoros son sus numerosas iglesias, su enorme Catedral gótica de San Salvador, además de su antigua Universidad. Cuando vas paseando por sus calles, sientes que te transportan a una época pasada, donde existían las posadas, donde todo estaba hecho de piedra. La mayoría son casas con tejados muy altos de piedra pizarra, que acompañan a las fachadas de colores que adornan las calles.


Los Ovetenses hablan con gran orgullo de su ciudad, a estos también se les conoce como “carbayones”, en recuerdo de un árbol que fue hace muchos años símbolo de la ciudad.

Oviedo es una parada obligatoria en el Camino de Santiago, ya que es una ciudad muy unida a la cultura. En ella, como todos sabemos, se celebran los premios Príncipe de Asturias, y tiene unos de los teatros más bonitos de España, el Teatro Campoamor. Además debido a su cielo constantemente nublado y lluvioso ha sido lugar de inspiración de personajes ilustres como Leopoldo Alas Clarín.

Cada uno de los rincones de su casco histórico, esconde una historia que te hace soñar mientras paseas.


Es una ciudad que no solo tiene valor por el día. Una vez caída la noche, empiezan a verse pequeños arroyos de sidra que corren por las calles, procedentes del bulevar de la sidra, donde se concentran numerosas sidrerías. Al entrar en una de ellas, te das cuenta que no es el típico bar al que estamos acostumbrados, sino un enorme pasillo, donde no existen los asientos, solo una enorme barra de punta a punta del pasillo cubierta de vitrinas con todo tipo de exquisitos "pinchos". No puedes pasar por Oviedo sin visitar semejantes lugares.


Antes de regresar, tuve la oportunidad de apreciar de nuevo ese cielo nublado que junto con los altos tejados de las casas, rodeadas a su vez de grandes montañas verdes, te transportaban a un mundo de ensueño. Definiría Oviedo como el lugar perfecto para escapar del ajetreo.

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